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Entre sus ojos y el mar hay un puente;

hilos invisibles

que amarran sus pensamientos para no escapar.



El azul

llora lágrimas con sal de más.

El verde

mece las algas y se deja llevar.



Un paso, y otro,

ten cuidado de no tropezar.

De puntillas y sin hacer ruido,

no vaya a ser que te oigan suspirar.



Entre sus ojos y el mar hay un puente

que ya nadie se atreve a cruzar.


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Hay un sonido encerrado en mi garganta desde hace años.

Lo forman cientos de palabras que quieren escapar de mi cuerpo: ideas, emociones, sentimientos, alguna que otra decepción, rabia y deseos que necesitan tomar forma.

Me encantaría que esas palabras se convirtieran en grito y sonaran hasta hacer callar a mis pensamientos, hasta que se desvanezcan los golpes. Que después sólo quedara silencio: vaciarme. Que me escuchen.

Sobre todo me gustaría que me escuchen. Gritar por la libertad.

Hay un grito encerrado en mi garganta que quiere salir, porque nací sin voz y el mundo hace mucho tiempo que ha dejado de escuchar(me).

Ese grito hoy va a ser escuchado porque todo cambia empezando con un ejemplo, y yo he decidido coger aire y empezar a gritar.

 

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Un cadáver exquisito con María Ampudia, porque nos encanta esta técnica y siempre te sorprendes con el resultado. Escrito a cuatro manos en el VdB Rock (01-07-17)

Esto es un juego de miradas,
bocas sedientas que gritan pidiendo más.

Nunca hay que conformarse 
con menos de lo que siempre deseas.

La victoria sabe mejor en compañía,
para esos momentos insoportables
(al fin y al cabo) nadie entiende a los locos.

Jamás pensé que acabaría así,
tan simple como eso
que nunca decimos:
todo aquello que callaron nuestros labios.

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Que me secuestre un domingo y lo llenemos de colores.
Ir a pasear por el campo en otoño pisando hojas amarillas.
Rodar por una ladera de hierba en primavera.
Bañarnos desnudas en el mar a la luz de la luna en verano.
Hacer una pelea de bolas de nieve en invierno...

Diréis que la suerte no se busca, pero yo la mía la encontré una noche de enero a punto de darlo todo por perdido.
Diréis que con los pies fríos no se piensa bien, pero a mí tener las manos heladas me sirvió para no volver a soltarme de su mano.

Que dice que la suerte es nuestra, pero sin duda es mía por poder sonreír cada segundo con sólo pensar en su sonrisa, y valga la redundancia.

Pero es que con ella todo vale:
hasta los "para siempre".

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Sabía que algún día escribiría esto, pero eso no hace que duela menos.
Ahora sólo quedan los recuerdos y algunas fotos
de tus manos,
tu voz,
tu cara de felicidad al ir a visitarte,
de tus ojos azules, casi transparentes.

De dormir contigo cuando las pesadillas me despertaban por las noches
y bajaba corriendo las escaleras para que me hicieras un hueco en tu cama.
De verte fabricar jabón de lagarto en el patio,
cocinar paella los domingos y rezar el rosario a esa hora en la que la luz que entraba por la ventana te hacía rejuvenecer y envejecer por igual.
De acompañarte a la iglesia los domingos mientras ojeaba el misal que llevaba tantos años en la familia
y creía que todo el amor que nos dabas a todo era el más puro que conocía (ahora sé que era así).
De dar de comer juntas a las palomas en San Andrés cuando la plaza era diferente a como es ahora.
De cuando me ibas a recoger al colegio y comíamos juntas, haciéndome bromas o rabiar para que me acabara toda la comida del plato.
Y de las partidas interminables de cartas por las tardes en las que el tiempo dejaba de existir.

De darte la mano sentadas cada una en un sofá y hablar de la vida,
sabiendo que rezabas por mí y porque todo me fuera bien:
porque aprobase los exámenes y encontrara un buen trabajo.
Porque fuera feliz.

Sé que nunca te irás ni desaparecerás del todo
porque alguien con la mirada tan pura como la tuya vive para siempre.
Aún tengo mucho que aprender de tí y nunca dejaré de recordarte.